El contexto alimentario en México presenta deficiencias como la desnutrición, la anemia y, por otro lado, la obesidad y las enfermedades relacionadas con el exceso de grasa. Estos problemas han aumentado en los últimos años y afectan a la mayoría de la población, por lo que deben abordarse urgentemente.
Para encontrar soluciones efectivas, es crucial entender completamente cómo estas enfermedades nos afectan, conocer sus causas y actuar rápidamente. La diabetes, por ejemplo, es una enfermedad derivada del exceso de grasa corporal. Esta condición metabólica afecta el funcionamiento del páncreas, encargado de producir y regular la insulina, una hormona crucial para metabolizar los azúcares. Cuando la insulina no funciona adecuadamente, los niveles de glucosa en sangre se elevan, lo que puede provocar pérdida de peso repentina, ceguera, insuficiencia renal crónica, amputaciones y fatiga crónica. Por otro lado, el colesterol y los triglicéridos son grasas presentes en la sangre con funciones esenciales, pero niveles elevados pueden tener serias implicaciones cardiovasculares.
Estos problemas son alarmantes, ya que actualmente la mayoría de las personas padecen enfermedades relacionadas con una mala alimentación. El 75% de los adultos mayores tienen sobrepeso u obesidad, y la diabetes afecta al 18.3% de la población.
Para enfrentar estos desafíos, es fundamental que optemos por alimentos con el mínimo procesamiento posible, identificados con etiquetas verdes. Estos alimentos pueden consumirse crudos o requieren mínima cocción. Es importante destacar que el cambio y la solución a estos problemas dependen de nosotros mismos, y sin la adopción de hábitos saludables no lograremos cambiar la situación.
Este problema no solo es individual, sino que también se ha arraigado culturalmente en nuestra sociedad. La pregunta que surge es cómo podemos transformar esta cultura alimentaria impuesta. La clave está en la exposición continua a alimentos saludables en todos los entornos. Cuando vemos alimentos saludables regularmente, empezamos a considerar su consumo. Con el tiempo, este comportamiento puede convertirse en hábito, luego en costumbre, tradición y, finalmente, en una cultura de alimentación saludable y preventiva.